TEMPORALIZACIÓN

 Toda actividad educativa se mueve dentro de unas coordenadas espacio-temporales.

 Es evidente, por tanto, que en toda programación se deberán tener en cuenta estos factores espacio-temporales que condicionarán la praxis educativa.

Un buen planteamiento tratará de transformar en positivo lo que en principio puede parecer una limitación: el espacio en que nos movemos y el tiempo de que disponemos. En lo que se refiere al tiempo, la planificación deberá subrayar dos aspectos fundamentales:

1- La manera de aprovechar al máximo, y según los objetivos propuestos, el tiempo de duración del curso.

Ello implica, en principio, confeccionar un diseño muy realista del tiempo efectivamente disponible y distribuirlo de tal forma y con la suficiente flexibilidad que favorezca antes que interfiera el desarrollo de las actividades.

2- La búsqueda de unas secuencias válidas que respeten y favorezcan el ritmo   natural de los/as participantes en la realización de su trabajo.

 Estos aspectos dan lugar a una determinada organización del aprendizaje atendiendo a los siguientes factores o aspectos de la temporalización:

                a)   Duración prevista de cada una de las Unidades Didácticas o Formativas.

                b)     Horarios. Es necesario saber de cuánto tiempo se dispone cada día, cada semana,…

                c)   Cronograma. Hace referencia a la distribución del tiempo. ¿Cuánto tiempo concedemos a cada Unidad? ¿Cuánto a la motivación? ¿Cuánto a la información? ¿Cuánto a las actividades?

 Sin embargo, el factor temporalización nunca debe interpretarse como tiranización del tiempo. La programación didáctica debe ser totalmente flexible en el tiempo en relación a los intereses, necesidades y ritmos de aprendizaje de los/as participantes.

 A la hora de organizar el tiempo de una sesión formativa, hay que procurar:

 –        Distribuir los contenidos a lo largo de la sesión formativa según su grado de dificultad.

 –        Aprovechar los momentos de máxima energía para realizar las tareas

       más complicadas.

–        Acordarse de que el cansancio disminuye el ritmo de trabajo.

 –        Realizar  actividades variadas para mantener la atención de los/as participantes.

 –        Usar técnicas de motivación que solucionen la falta de concentración.

 –        Limitar las horas consecutivas de trabajo, introduciendo descansos o tareas de relajación.

 –        Dejar espacios de tiempo para imprevistos, no tenerlo todo completamente regulado para facilitar la flexibilidad en el desarrollo de lo que se programó.

 –        Estar alerta ante actividades que, por sus características, se puedan eternizar como puestas en común, donde la moderación del coloquio es fundamental.

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