PLANIFICACIÓN de la EVALUACIÓN en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

 Para elaborar un control adecuado de todas las actividades que realiza el/a residente en la consecución de una meta, es conveniente establecer unos criterios de evaluación que, previamente dispuestos, orienten a facilitadores/as del aprendizaje-tutores/as y residentes en el tipo de conducta que se considera suficiente para demostrar que se ha conseguido el objetivo programado.

Se trata de decidir en qué momento y con qué finalidad se va a realizar la evaluación, y qué instrumentos utilizaremos para realizarla de una manera objetiva.

La evaluación no requiere siempre momentos específicos, independientes de aquellos en los que se está aprendiendo. Al contrario, muchas de las actividades y de los momentos diseñados para que los/as residentes aprendan son óptimos también para la evaluación. Es más exigente este tipo de evaluación formativa para el/a facilitador/a del aprendizaje-tutor/a, pero más próximo a la realidad y, sobre todo, posibilita reconducir los procesos lo más cerca posible de cuando empiezan a ir mal o a desviarse.

 Al determinar estos criterios de control deben tenerse en cuenta una serie de factores:

  • Que realmente sirvan para controlar el tipo de conducta que se persigue.

Los objetivos seleccionados y descritos en el plan deben constituir el elemento básico para la elaboración de estos criterios y deben asegurar su fiabilidad y validez.

Si, por ejemplo, se trata de un objetivo que propone el desarrollo de la experimentación en el/a participante, el criterio de evaluación no podrá consistir en la aplicación de una “prueba objetiva” o en un cuestionario de preguntas, sino más bien en la reproducción de una serie de experimentos sencillos, individualmente o en grupos.

  • Que tenga en cuenta las modalidades de trabajo que normalmente se adoptan en clase.

Las actividades de conducta que se realicen en gran grupo, grupo coloquial, equipo de trabajo, o individualmente, deben ser controladas por un instrumento que exija la misma modalidad de trabajo. Ejemplos: asambleas, puestas en común, análisis de los trabajos de los/as participantes, cuestionarios de preguntas, pruebas objetivas,…

  • El tipo de control debe ser consecuente con la metodología utilizada y formar parte de ella. En este caso no basta tener en cuenta el tipo de conducta que especifica en cada objetivo, sino también las técnicas de trabajo utilizadas, los instrumentos y material, el nivel de la clase, las formas didácticas y educativas.
  •  Los criterios de evaluación deben facilitar una base justa de comparación, más centrada en el proceso del/a participante que en la “media” de la clase.

 Es importante subrayar que en el planeamiento del currículo, como fase del proceso programador, sólo se recogen simples pautas de actuación en el control de los objetivos.  No se incluyen por tanto en esta fase modelos desarrollados de evaluación ni registros de control.

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